No quiero morirme antes de escribir un gran poema: José Luis Justes
Noventa y nueve, libro de
poemas editado por la UAA
- Escribo para que alguien en 200 años en Japón o en Calvillo, me da igual, pueda leer un poema mío y le llegue.
- Para hacer poesía se necesita una disciplina loca, creo que es una de las cosas que menos enseñan en los talleres literarios.
Por Jorge Luis Heredia
José Luis Justes no es un hombre común.
Vibra con las palabras. Para él, cada palabra tiene un peso medido nanométricamente
y él percibe las diferencias. Lee en voz alta un poema dedicado a su hijo, en
el mes del testamento, que por ciento no incluye en su más reciente obra
poética Noventa y nueve, y se le
quiebra la voz, fuma una y otra vez tratando de estabilizarla y nada, sigue
trémula. Prefiere cortar de tajo la fuente de su sensibilidad, las palabras, se
da un respiro… y la gente aplaude.
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| Noventa y nueve, obra poética de José Luis Justes Amador. |
Su nuevo libro es una
selección de 99 poemas que podrían haber sido 365. Pero quitaron 266, como si
esos días del año hubieran transcurrido sin poesía, da la impresión de que sólo
noventa y nueve hubieran sido poéticos. Nada qué ver. José Luis vive la poesía
en cada momento de su vida. En el futbol, en la primera cama que compró, en los
suicidas, sobre todo “los suicidadas que no saben serlo”, en el periódico,
incluso en la carta de vinos en un restaurante.
Su libro es como el hotel que
le da hospedaje a sus noventa y nueve poemas. El más corto, triste, que vive en el número 59. En el
68 vive Deseo de ser piel roja, una
obra del poeta y loco de España Leopoldo María Panero, del cual dice José Luis,
“esos son de los días que hago trampa, o que hacía trampa cuando escribí los
365”. En el 109 vive apenas nada. Y
ciertamente sus poemas viven, José Luis les dio vida y les construyó el hotel,
pero no para su solaz disfrute, sino para “una japonesa dentro de 200 años”.
No, José Luis Justes Amador no es
un hombre común, es emoción, es disciplina, es timidez, es profesor
universitario, es amigo, es padre y es hijo como todos, es inseguro, es
humilde…, es un poeta que acepta la entrevista para Fin de Semana para
desentrañar lo desentrañable de su vida y de su obra y conocer un poco más de
ese gran poema que está por escribir y para el que ya está dedicado por anticipado a su japonesa.
¿Eres
emoción?
Soy todo emoción, pero creo
en la contención de la emoción. A la gente no tiene por qué interesarle lo que
a mí me pasa, creo que el objetivo del arte es lograr que el otro pueda sentir
lo mismo o mover al otro. Para escribir el poema falta el alejamiento de la
emoción, para poder tratar las cosas sin emoción.
Pero
te he visto llorar…
Bueno, me viste llorar en el
poema del testamento, es un poema que reescribo cada septiembre y siempre está
dedicado para la misma persona, que es mi hijo. Me emocioné y lo leí por dos
cosas, por la constancia de que al final te vas a morir y sí está duro
verbalizarlo. Tarde o temprano te vas a morir y vas a dejar un testamento. La
idea, como no le voy a dejar una casa ni dinero en el banco, la idea es te dejo
todo lo que he visto, todo lo que he leído, todos los partidos de fútbol
gloriosos que hemos visto juntos.
Qué
edad tiene
Dieci… quince. Dieciséis, no
sé…
¿Y
por qué el gran temor que le tienes a la muerte?
El gran temor que le tengo
es que algún día solamente me va a sobrevivir lo que escriba. El temor es que
alguien en 200 años, aunque sólo sea una persona seguirá leyéndome… No quiero
morirme antes de escribir un gran poema que pueda ser leído en cualquier
latitud, en cualquier lugar y el cualquier tiempo.
Estaba
leyendo un libro, y vi un poema de Leopoldo María Panero…
Ser piel roja. Esos son de
los días que hago trampa, o que hacía trampa cuando escribí los 365 y ni
siquiera me decidí a llamarlo borrador, porque de hecho en Facebook el proyecto
se llamó 365 borradores, no me atreví a llamarlo 365 poemas y había días en que
hacía trampa y uno fue el de Luis Eduardo García y otro el de Panero, ese poema
siempre me ha gustado y coincidió ese día en que no salió el borrador como yo
quería, pues apareció el poema de Panero.
El
poeta, ¿debe ser humilde?
Debe ser humilde. Una de las
cosas que me enoja, me repatea y perdón, pero me remputa que alguien utilice la
poesía para escribir yo, yo, yo… No somos más que medios para llegar a alguien.
No creo en el poeta yoista, de hola me paso esto, y esto, pero la contraparte
es que también uno tiene que saber cuándo lo que está escribiendo vale la pena
y tener el orgullo de decir éste es un buen poema y me da lo mismo lo que
pienses. Pero sí hace falta un auto control total.
¿El
poeta tiene la obligación de ser feliz?
No, mi infeliz, ni ser
seguidor el del Atlas ni del América, ni que le guste una cerveza sobre otra.
Yo creo que solo, solo, solo hay una obligación y es la obligación de hacer el
mejor poema posible, con los medios que uno tenga, con sus manos, con su
habilidad.
¿Hubo
un momento en tu vida que recuerdes, en el que te inclinaste a la poesía, una
palabra, una canción, un regaño en la familia? ¿Qué fue?
Creo que en la mayoría de
las vocaciones, como lector joven que soy, de repente hubo esa punzada
adolescente de que si estos cuates pueden hacerlo yo por qué no, si Borges
tiene su nombre en la portada de un libro, yo por qué no, si Gil de Biedma
tiene su nombre en la portada de un libro, yo por qué no. Esa estupidez
adolescente del por qué no, con el tiempo, con las lecturas, con los regaños en
los talleres literarios y de compañeros que llevan más años en el oficio, se
transformó en una vocación totalmente real. Yo sí estoy convencido de que el
poeta tiene vocación, ha sido llamado, no sé si por Dios o por las musas o por
las hadas o por la bellezas del mundo. De pronto una voz que dice ey, tú,
tienes que agarrar las palabras y hacer un poema… Si hubiera sabido que era
tanto lío, me habría dedicado al baloncesto o a las carreras de coches o al
fútbol y no me habría hecho poeta, que creo que es una de las profesiones más
radicalmente sufrientes, no, no es sufriente, radicalmente comprometidas con el
poema que tienes que lograr.
¿Quién
lee poesía actualmente? ¿Escribes para alguien?
Sí, escribo para una
japonesa dentro de 200 años, que no sé si estará en Osaka, escribo para alguien
dentro de 200 años y en otra latitud pueda abrir un libro, que no tiene que ser
necesariamente mío, a lo mejor es una antología de poesía mexicana o a lo mejor
es una nota a pie de página en un libro sobre Francisco Martínez Farfán, por
ejemplo, a lo mejor dice en el pie de página que era amigo de José Luis Justes.
Escribo para que alguien en 200 años en Japón o en Calvillo, me da igual, pueda
leer un poema mío y le llegue. Y si además de eso logro que mis amigos me
quieran más y los lectores, a los que puedo ver, me quieran más y me digan que
les gusta lo que hago… Escribo para un lector que no sé dónde está y no sé
cuándo estará. Para ese alguien que pueda leer un poema y decir guau, esto
siento.
José
Luis, ¿cómo vas a saber qué has hecho el poema de tu vida?
¿Cómo lo voy a saber? Soy
muy inseguro, de hecho, tú estabas en la presentación, uno de mis
agradecimientos fue para las dos personas que me obligaron a publicar, estuve
ocho años sin publicar absolutamente nada, he publicado en revistas, traducciones,
ensayos, pero no publicaba poesía porque no creía que fueran poemas, o no creía
que fueran todo lo bueno que deberían ser. Fueron las que me dijeron, estamos hartas
de leerte y que no quieras publicar. El anterior director de vinculación de la
UAA siempre me decía tienes un libro, tienes un libro, tienes un libro y yo le
decía sí casi, sí casi, sí casi y a los dos años que escuchar el sí casi me
dijo sabes qué, que estoy harto, ya no te lo voy a preguntar nunca más, si lo
tienes lo quiero dentro de tres días en mi oficina y se lo llevé, y el juzgó que
sí eran poemas, que hicieran publicables, y dije, pues tú eres el jefe y para
mí fue emocionante.
Para
escribir poemas, ¿se requiere disciplina?
Un chingo, un chingo… Creo
que es lo más fundamental, se necesita una disciplina loca, creo que es una de
las cosas que menos enseñan en los talleres literarios. Creo que hay que
trabajar duro y duro y duro. He tenido muy pocas veces la experiencia de que algo
salga de una sentada, tienen que ser horas y horas y horas de trabajo que no se
ven. Creo que la gran poesía, entre la cual no me incluyo, es aquella que
parece fácil. Hay un poeta que no me gusta nada, pero que le reconozco el
mérito poético, es Jaime Sabines, quien tiene el acierto de hacer poemas que le
pueden llegar a cualquiera y la habilidad de haber ocultado todas las horas de
trabajo que hay detrás. Cuando lees Los
Amorosos de Sabines, dices no pues si esto es facilísimo, repite, repite,
repite, vueltas al mismo tema y yo también he estado enamorado, es facilísimo
de escribir, cuando es de los poemas más difíciles.
Como cuando escuchas la
estupidez de que esos garabatos de Picasso los podría hacer mi hija… Hello, señora… Sí, hace falta mucha disciplina
y la humildad suficiente. Por ejemplo, yo cuando voy a talleres literarios,
donde la gente comenta los textos de otros, como intento todavía tener amigos
no comentó nada sobre los poemas de los otros a excepción de que sean para
elogiar y vuelvo a repetir, para mí fue un honor que Martínez Farfán, el mejor
poeta, no me atreví a decirlo, uno de los mejores poetas del país, estuviera
entre el público y que después me abrazara y me dijera maestro…, ¡puta!, eso no
tiene precio, no escribo para él, pero si me lee, guau…
En
la presentación te escuche hablar de fútbol…
De cada cosa se puede hacer
un poema, coleccionó poema sobre fútbol, hay cinco antologías de poemas sobre
fútbol, es un tema sobre el que la gente ha escrito mucho. Creo que nos hemos
mal acostumbrado como lectores a pensar que la poesía es como una cosa llena de
grandes palabras, es un poco esa reivindicación de la cotidianidad. Una carta
de licores no es poesía, pero de ahí puede salir un poema, por qué no…
Entonces
dime, ¿qué es poesía para ti?
Poesía, voy a citar y por lo
que descubro ya es la última pregunta… Creo que la definición de John Ashbery,
y creo que para lo gran poeta que es, es injustamente poco leído en esta
ciudad, John Ashbery decía no me pasa nada y lo estoy contando y eso es poesía.
Creo que es contar lo que nos pasa, que en realidad es nada. El poeta no tiene
experiencias extraordinarias, ni extrasensoriales, ni disfrutamos más haciendo
el amor que cualquier otro, creo que es eso, no me pasa nada y lo estoy
contando y esos poesía. Tal vez mañana cambie de definición, pero creo que eso
es poesía.
Vi
tu poema “triste” y me dio mucho trabajo leerlo, porque digamos, como dices, es
contar lo que nos ocurre en la vida…
Ese poema, cuando la
antóloga lo seleccionó, yo protesté y ella me dijo léelo en el contexto del
libro, no sólo. Sería muy arriesgado por mi parte decir soy tan genial que
tengo un poema de una sola palabra, pero me dijeron eso y lo convierte en un
poema junto a los otros poemas.
¿Qué
pasa con los poemas que circulan en redes sociales, que incluso no son poemas,
pero que parecen poemas?
Yo creo que hay gente que
está haciendo cosas muy buenas en internet, hay gente que está haciendo basura,
también eso hay que decirlo, pero hay gente que está usando las redes para
difundir poemas. Yo creo que es muy valioso y de todas esas cien mil personas
que suben poemas a Facebook, pues los que tengan que quedar, quedarán. Yo con
qué pase uno, espero que no sea “triste”, pero con que pase uno. En la
literatura inglesa hay algo que se llama el minor
poet que ha logrado un poema genial, que todo el resto es basura, pero una
vez acertó y pasa a la historia de la literatura como un minor poet, y es una figura súper asumida en la literatura inglesa.
Creo que nosotros como latinos tenemos algo grande. Aspiro a ser un minor poet…
José
Luis, antes de que cerremos, ¿sabe tu hijo todo el amor que le tienes?
Sí, lo que pasa es que no lo
demostramos… Ah, qué buena pregunta para cerrar, porque me empezaste
preguntando si era emoción, sí, pero nos lo demostramos sólo con actos
culturales, ir al cine, leer libros, platicar de físico-matemáticas, que son
otras de las pasiones que tenemos, sí lo sabe, pero siempre contenemos la
emoción, a él todo lo que le dejó son hitos culturales. Y sí, espero que sí, y
después de esto un poco más.
finsedemana.ags@gmail.com

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